La Parra (Adra)

Llevaba varios finales de curso proponiéndome subir a La Parra y nunca lo hacía, y ahora que se acercaba el que iba a ser mi último curso en Adra no podía posponerlo más.
La mañana del 29 de mayo estaba preciosa, y no hacía excesivo calor. Ya que no tenía compañero de ruta, elegí acomo compañamiento a Bob Dylan y el impresionante sonido de los conciertos de la mítica gira Rolling Thunder. Un invitado de lujo para una ocasión de lujo.
Al superar las primeras rampas me di cuenta de que los invernaderos se quedaban atrás en seguida y que arriba el mundo era bien diferente, el paisaje me gustó tanto que cuando llegué a La Parra y vi que la carretera ya iba buscando la bajada, el recorrido me supo a poco, y me propuse volver algún día, aunque ya no trabajara en Adra, y conocer un poco mejor la zona, eso sí, cuando los almendros estén floreciendo...
Lástima que las fotos no sean muy buenas, pero dan una idea de las magníficas vistas que pude disfrutar aquella mañana.
Lástima también porque ya estaba contando los pocos días que me quedaban como profesor en Adra, ciudad a la que había ido cogiendo cariño poco a poco, casi sin darme cuenta, y con la que siempre me sentiré en deuda...
El viejo cartel de la Cortijada:
La Parra:



La parte más dura de la subida desde el otro lado del barranco:
Adra:







Repetidores de la Sierra de Lújar

Mi primera subida a los repetidores de la Sierra Lújar la realicé el 21 de junio de 2008, desde Castell de ferro. Para mí ha sido el trazado más duro que he hecho en toda mi vida. Las primeras rampas hasta Rubite y hasta el cruce con la carretera de Haza del Lino/Órgiva me resultaron fáciles, pero cuando de verdad empezó la subida por esa carretera tan estrecha y empinada dudé si iba a conseguirlo. Cuando ya llevaba varía curvas de herradura con unas pendientes y unas vistas acojonantes, por querer esquivar uno de los múltiples de la descarnada carretera hice un sobreesfuerzo y sentí calambres en la pierna izquierda. En ese momento estuve a punto de darme la vuelta. Pero sabía que ya me quedaba muy poco, descansé, bajé a plato pequeño-piñón grande, y terminé la subida muy despacio pero sin más problemas...
El descenso fue lo que menos me gustó, demasiado peligroso, de esas bajadas que no se disfrutan porque no te permiten arriesgar demasiado. Por conocer otra ruta diferente bajé por Olías y por un camino que lleva casi hasta Lújar y al ver la pendiente que tiene ese tramo me alegré de haber subido por Rubite.
Ahora, cada vez que miro al coloso, me parece mentira que yo consiguiera llegar hasta allí...
El monstruo desde mi punto de partida, la rambla de Castell:

Primeras rampas:

Una de las antenas (desde abajo son tan pequeñas...):


Sierra Nevada y las Alpujarras:
Vista de Motril desde el coloso:


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